Para intentar recuperarnos del shock que esto supuso para muchos de nosotros, decidimos irnos a visitar la Residencia Real de los reyes suecos: Drottningholm. Es muy fácil de llegar: parada de metro Brommaplan y luego autobús (177, 301 ó 323).
Nosotros llegamos a entrar en el palacio, pero lo que verdaderamente merece la pena son los jardines porque son espectaculares. Además las hojas estaban rojas, un color difícil de ver en los árboles de Madrid. Cómo había muchas en el suelo, empezamos a jugar como niños pequeños con ellas. Cualquiera que nos viera pensaría que estábamos locos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario