Si te piensas qué tipo de música escuchan los nórdicos lo primero que viene a la cabeza es Abba y rock. Sin embargo, parece que nuestros intentos por ir a un club donde pongan este último tipo de música no dejan de ser eso, intentos. No obstante, lo del otro día fue simplemente mala suerte.
El viernes es día de fiesta y como tal decidimos aprovecharlo. Meseret y Anna estaban de celebración porque habían terminado de escribir las redacciones de sus respectivos cursos; Emily quería descansar de preparar el examen que tiene el lunes y los demás simplemente queríamos divertirnos.
Pero la fiesta no empezó en un club, sino en un restaurante eritreo en Estocolmo. Meseret, Raquel y yo ya habíamos estado una vez allí; pero para Emily, la coreana (lo siento...nunca me acuerdo de su nombre), Borja, Benedict, Petre y Anne era su primera vez. Raquel y yo ya estábamos preparadas, es decir, sabíamos qué platos no íbamos a tomar para no tener que beber dos litros de agua en dos horas: sólo uno, el menos picante. Todos menos Meseret, Borja y Benedict pedimos el mismo plato. No sobró nada.
Tras nuestra experiencia africana, fuimos a recoger a Lucía, Bjorn y Jacek para dirigirnos a la parada de metro Slussen. El objetivo era un club de rock. Benedict había buscado información de cuanto costaba la entrada en Debaser (según todo al que preguntamos el mejor club de rock de Estocolmo) y Medusa. Éste último era más barato así que decidimos ir para allá...pero, ¿dónde estaba? Según Benedict, a 100 metros del Debaser, pero fuimos en dirección contraria... no sería porque no dije unas cuantas veces hacía dónde debíamos ir.
El caso es que acabamos al lado de un Debaser, pero de Hip Hop. Menos mal que Raquel se acordó de que había visto el otro día el Medusa...¿adivinaís que dirección tomamos? Os dejo a vosotros la respuesta.
Tras diez minutos volviendo por donde habíamos venido, llegamos al Medusa, pero era pequeño y además un pub. Puede ser que sea más grande de lo que parece no lo sé, pero en la mayoría de los lugares tienes que pensarte bien si entrar porque la entrada cuesta de 60 Krounds para arriba.
El viernes es día de fiesta y como tal decidimos aprovecharlo. Meseret y Anna estaban de celebración porque habían terminado de escribir las redacciones de sus respectivos cursos; Emily quería descansar de preparar el examen que tiene el lunes y los demás simplemente queríamos divertirnos.
Tras nuestra experiencia africana, fuimos a recoger a Lucía, Bjorn y Jacek para dirigirnos a la parada de metro Slussen. El objetivo era un club de rock. Benedict había buscado información de cuanto costaba la entrada en Debaser (según todo al que preguntamos el mejor club de rock de Estocolmo) y Medusa. Éste último era más barato así que decidimos ir para allá...pero, ¿dónde estaba? Según Benedict, a 100 metros del Debaser, pero fuimos en dirección contraria... no sería porque no dije unas cuantas veces hacía dónde debíamos ir.
El caso es que acabamos al lado de un Debaser, pero de Hip Hop. Menos mal que Raquel se acordó de que había visto el otro día el Medusa...¿adivinaís que dirección tomamos? Os dejo a vosotros la respuesta.
Tras diez minutos volviendo por donde habíamos venido, llegamos al Medusa, pero era pequeño y además un pub. Puede ser que sea más grande de lo que parece no lo sé, pero en la mayoría de los lugares tienes que pensarte bien si entrar porque la entrada cuesta de 60 Krounds para arriba. Así que al final fuimos al Debaser (100 Krounds la entrada) y ahí empezó nuestra mala suerte. Ese día había concierto por lo que se tardó un poco más en entrar. Si normalmente es una hora de cola, tardamos una hora y veinte. En la espera perdimos a Borja, Jacek, Anna y a la coreana que se fueron en busca de un club de house. A eso de la una, con el concierto acabado, la gente empezó a salir y nosotros tomamos al sueco de delante nuestro como traductor de lo que el de seguridad decía, es decir, que tendríamos que esperar algo más.
Al final conseguimos entrar ¿y qué nos encontramos? Debido al concierto ese día era noche especial y no tenían música rock...sino poppy de los años 80, principios de los 90. No conocía ni una canción. Por dios, si por poner pusieron incluso lambada.
A las tres cierran todos los clubs por lo que nos fuimos a coger el autobús nocturno que vino nada más llegar nosotros. Debido a la cantidad de gente que había nos desperdigamos un poco y pasó lo que debía pasar: Emily se durmió y no nos dimos cuenta de que no había bajado con nosotros hasta que el bus se fue. Tuvimos que llamarla y decirla que cogiera un taxi. El cargo de conciencia que tuvimos fue bueno...
Cuando llegamos vimos a Borja y la coreana que acababan de llegar. Para nuestra alegría (ya sabéis, mal de otros, consuelo de tontos) el club de jazz al que fueron no era nada de otro mundo, tuvieron que pagar 160 Krounds y la música no era muy buena. Al menos nosotros tuvimos dos canciones buenas, nos lo pasamos genial y pagamos “sólo” 100 coronas por entrar.
1 comentario:
Hola guapa! Qué tal estás? Veo que te lo estás pasando muy bien por ESTOCOLMO. Por aquí en Lituania me va todo genial. Eso sí, ya empieza a hacer frio... ¡Y no me gusta! Esto es como el invierno de Asturias, y no puede ser. Mis clases son una mierda pero también me pasa lo mismo. Se creen que nos podemos leer miles de páginas en dos días. ¡QUÉ SOMOS ERASMUS! Ésa es nuestra frase favorita. El objetivo: no dar palo al agua en las clases pero visitar muchos sitios y, sobre todo, aprender francés y lituano. Con francés poco a poco lo estoy consiguiendo pero el lituano... En fin, dejémoslo en que es la lengua más antigua de Europa y que se conserva como hace cientos de años. Vamos, que es difícil.
Un beso desde Kaunas!
Iván
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