4 de septiembre de 2007 I
Definitivamente el otoño ha llegado. Llevamos dos días con el cielo nublado. Ayer llovió y granizó. Fue muy curioso porque Raquel, Manuel y yo fuimos a Estocolmo a la Embajada Española (está al lado de el Vasa Museet) y a Inmigración.
Lo primero fue para registrarme y en caso de que pierda el pasaporte, el DNI o me ocurra cualquier cosa se pongan en contacto con mis padres. Y lo de Inmigración es una obligación que pone Suecia a todas las personas que se quedan en el país durante más de tres meses. Es un tanto ridículo porque si, por ejemplo, coges el ferry que va a Helsinki y pasas allí el día, cuando vuelvas la cuenta de tres meses vuelve a empezar. Meseret dice que se va a rebelar contra la tontuna de registrarse y se va a ir a Finlandia, Noruega y Dinamarca para no tener que hacerlo.
Raquel y yo lo hicimos porque somos demasiado buenas y porque ella se va a quedar durante un año. Y, aunque estoy segura de que lo hará de muy buena gana, tener que viajar durante un año para no registrarse es un poco estúpido. Al menos ahora nos podemos olvidar de la burocracia. O eso espero, estoy harta de hacer papeles y de ir de un lado para otro. Y más en este caso porque la mujer que nos atendió en la embajada nos dio una dirección errónea y acabamos cuatro estaciones de tren más lejos de lo que deberíamos. Lo bueno es que con un mapa y preguntando a la taquillera de la estación conseguimos llegar. No estaba muy lejos.
Por cierto, una semana después de haber ido al banco para hacer la cuenta todavía no tengo mi número ni mi tarjeta... Y lo mismo pasa con Internet. ¿Quién habló de la eficacia nórdica? Aunque, sinceramente, prefiero que nos lo pongan cuando ya tenga la cuenta porque me estoy quedando sin efectivo y como no pueda pagar con tarjeta, sacar aproximadamente 3000 Sek (300 €) en un cajero puede ser muy doloroso por el pago de divisas.
Definitivamente el otoño ha llegado. Llevamos dos días con el cielo nublado. Ayer llovió y granizó. Fue muy curioso porque Raquel, Manuel y yo fuimos a Estocolmo a la Embajada Española (está al lado de el Vasa Museet) y a Inmigración.
Lo primero fue para registrarme y en caso de que pierda el pasaporte, el DNI o me ocurra cualquier cosa se pongan en contacto con mis padres. Y lo de Inmigración es una obligación que pone Suecia a todas las personas que se quedan en el país durante más de tres meses. Es un tanto ridículo porque si, por ejemplo, coges el ferry que va a Helsinki y pasas allí el día, cuando vuelvas la cuenta de tres meses vuelve a empezar. Meseret dice que se va a rebelar contra la tontuna de registrarse y se va a ir a Finlandia, Noruega y Dinamarca para no tener que hacerlo.
Raquel y yo lo hicimos porque somos demasiado buenas y porque ella se va a quedar durante un año. Y, aunque estoy segura de que lo hará de muy buena gana, tener que viajar durante un año para no registrarse es un poco estúpido. Al menos ahora nos podemos olvidar de la burocracia. O eso espero, estoy harta de hacer papeles y de ir de un lado para otro. Y más en este caso porque la mujer que nos atendió en la embajada nos dio una dirección errónea y acabamos cuatro estaciones de tren más lejos de lo que deberíamos. Lo bueno es que con un mapa y preguntando a la taquillera de la estación conseguimos llegar. No estaba muy lejos.
Por cierto, una semana después de haber ido al banco para hacer la cuenta todavía no tengo mi número ni mi tarjeta... Y lo mismo pasa con Internet. ¿Quién habló de la eficacia nórdica? Aunque, sinceramente, prefiero que nos lo pongan cuando ya tenga la cuenta porque me estoy quedando sin efectivo y como no pueda pagar con tarjeta, sacar aproximadamente 3000 Sek (300 €) en un cajero puede ser muy doloroso por el pago de divisas.
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