Pero la música... todo el rato la misma. En España se cambia, aquí se lo meten por vena. Acabé con un dolor de cabeza horroroso. No es que no disfrutara. Durante las 2 ó 3 primeras horas estuve bailando, o intentándolo porque no hay manera de bailar eso. Pero después de varías horas escuchando esa música, sinceramente, te aburre. Porque además a mí siempre me sonaba igual. Al menos el final de la noche no estuvo mal, nos fuimos a tomar galletas con un vaso de leche cortesía de Manuel a la “cocina familiar”. Eso salvó el día.
Y para más datos sobre el mundo al revés, véase:
- Los franceses que no sabían que la mousse de chocolate y las crepes eran francesas.
- Los suecos, que aunque llueva a mares o haga frío, visten como si estuviéramos a 30 grados.
- Y... bueno, seguro que en los meses que me quedan encuentro más hechos que verifican este mundo al revés, mi querido Watson.
Hay van varias fotos de la fiesta:
Victor y Meseret
Raquel, Manuel y yo
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