29 de agosto de 2007
Necesito que alguien me recuerde que estamos a finales de agosto porque sino creeré que es Noviembre. En apenas dos o tres días el tiempo ha cambiado totalmente. No es que antes hiciera un gran calor, pero se podía estar en la calle sin chaqueta. Ahora sin ésta no puedes salir. Aún así, hay momentos en los que sol calienta bastante. Creo que el problema es el dichoso viento, que debe venir del polo norte porque es gélido.
Hoy no hemos hecho gran cosa. Raquel, Manuel, Borja, Víctor, Benedict, Lucía y yo hemos ido a la universidad para el tour por la biblioteca...pero nos lo hemos perdido. Cuando hemos llegado no hemos visto a ningún erasmus o que se le pareciera. Pero no hemos perdido la mañana. Hemos ido a por nuestros carnés de la universidad. No hay nadie que se haya salvado de tener una fotografía memorable...esas cámaras debían tener la lente defectuosa o tener un programa para hacernos salir a todos mal. Hay gente que ha salido más o menos bien, pero yo sinceramente no pienso enseñar a nadie mi carné.
Los carnés sirven para moverse por todo el campús. Si quieres entrar en un aula de ordenadores tienes que pasarlo. Incluso para ir a algunos baños...(aquí mucho orden y control, pero yo todavía no tengo mi persiana ni mi “confortable chair”). Tras estar un tiempo en Internet (porque todavía no tenemos en la residencia), ver el correo, buscar conciertos a los que asistir, etc. nos fuimos a Björnkulla a comer. Hoy he aprendido que no voy a comprar más unos filetes de cerdo en forma de corazón....menos mal que tenía la salsa de Meseret porque no es que supieran muy bien. Cómo no, hemos comido en la cocina de Manuel, aunque hoy no había mucho ambiente. No sé que tiene ese edificio que es muy familiar, no es de extrañar que todo el mundo vaya para allá. Mi cocina común está siempre vacía, excepto cuando el finlandés o la sueca están haciendo la cena a eso de las seis de la tarde.
Ayer cuando fuimos a cenar a la cocina Raquel, Meseret (que le encanta porque dice que es muy tranquila) y yo, estaban utilizando el horno. El finlandés tenía visita y había un chico que pasaba cada dos por tres por la cocina. Bueno, pues no dijo ni hola...no sé si es que es demasiado tímido o es que normalmente no saludan. Eso sí, con sus puertas abiertas de par en par en el pasillo. Era un poco incómodo hablar porque te podían oír. Meseret utilizaba el español (es alemana) para hablar sobre ellos. Resultó divertido.
Hoy por la mañana todavía estaba la bandeja del horno sucia. La otra vez tardaron dos días en limpiarlo, ¿cuánto será esta vez? Al menos tiraron la bolsa de la basura...
Después de comer, Raquel, Manuel, Meseret y yo nos fuimos a Estocolmo a tomar algo. Bajamos en Stockholm Södra (Estocolmo Sur, creo) que está en Södermalm. Por lo visto fue el lugar obrero durante la Revolución Industrial. Ahora es la zona “alternativa”. Según mi mentora sueca, Axelina, los suecos se enorgullecen de ir por allí porque consideran a esa isla un lugar cool pero no pijo. Cosas de este país.
Lo bueno de Södermalm es que tiene unas vistas increíbles de la ciudad porque es una colina y puedes ver todo el río desde arriba. Hay un mirador al que se puede subir desde la orilla, pero yo recomiendo ir andando por el puente y por la calle principal y luego girar a la izquierda porque así se puede ver el ambiente de la isla. Esto claro si vienes por el lado del río. Si vienes como nosotros desde Stockholm Södra, en el interior, tienes que pasar un parque, atravesar una plaza, girar a la izquierda y ya estás en la calle principal. Si sigues recto llegas al final y girando a la derecha hay un acceso al mirador.
Necesito que alguien me recuerde que estamos a finales de agosto porque sino creeré que es Noviembre. En apenas dos o tres días el tiempo ha cambiado totalmente. No es que antes hiciera un gran calor, pero se podía estar en la calle sin chaqueta. Ahora sin ésta no puedes salir. Aún así, hay momentos en los que sol calienta bastante. Creo que el problema es el dichoso viento, que debe venir del polo norte porque es gélido.
Hoy no hemos hecho gran cosa. Raquel, Manuel, Borja, Víctor, Benedict, Lucía y yo hemos ido a la universidad para el tour por la biblioteca...pero nos lo hemos perdido. Cuando hemos llegado no hemos visto a ningún erasmus o que se le pareciera. Pero no hemos perdido la mañana. Hemos ido a por nuestros carnés de la universidad. No hay nadie que se haya salvado de tener una fotografía memorable...esas cámaras debían tener la lente defectuosa o tener un programa para hacernos salir a todos mal. Hay gente que ha salido más o menos bien, pero yo sinceramente no pienso enseñar a nadie mi carné.
Los carnés sirven para moverse por todo el campús. Si quieres entrar en un aula de ordenadores tienes que pasarlo. Incluso para ir a algunos baños...(aquí mucho orden y control, pero yo todavía no tengo mi persiana ni mi “confortable chair”). Tras estar un tiempo en Internet (porque todavía no tenemos en la residencia), ver el correo, buscar conciertos a los que asistir, etc. nos fuimos a Björnkulla a comer. Hoy he aprendido que no voy a comprar más unos filetes de cerdo en forma de corazón....menos mal que tenía la salsa de Meseret porque no es que supieran muy bien. Cómo no, hemos comido en la cocina de Manuel, aunque hoy no había mucho ambiente. No sé que tiene ese edificio que es muy familiar, no es de extrañar que todo el mundo vaya para allá. Mi cocina común está siempre vacía, excepto cuando el finlandés o la sueca están haciendo la cena a eso de las seis de la tarde.
Ayer cuando fuimos a cenar a la cocina Raquel, Meseret (que le encanta porque dice que es muy tranquila) y yo, estaban utilizando el horno. El finlandés tenía visita y había un chico que pasaba cada dos por tres por la cocina. Bueno, pues no dijo ni hola...no sé si es que es demasiado tímido o es que normalmente no saludan. Eso sí, con sus puertas abiertas de par en par en el pasillo. Era un poco incómodo hablar porque te podían oír. Meseret utilizaba el español (es alemana) para hablar sobre ellos. Resultó divertido.
Hoy por la mañana todavía estaba la bandeja del horno sucia. La otra vez tardaron dos días en limpiarlo, ¿cuánto será esta vez? Al menos tiraron la bolsa de la basura...
Lo bueno de Södermalm es que tiene unas vistas increíbles de la ciudad porque es una colina y puedes ver todo el río desde arriba. Hay un mirador al que se puede subir desde la orilla, pero yo recomiendo ir andando por el puente y por la calle principal y luego girar a la izquierda porque así se puede ver el ambiente de la isla. Esto claro si vienes por el lado del río. Si vienes como nosotros desde Stockholm Södra, en el interior, tienes que pasar un parque, atravesar una plaza, girar a la izquierda y ya estás en la calle principal. Si sigues recto llegas al final y girando a la derecha hay un acceso al mirador.
Tras unas cuantas fotos y mirar atemorizados como unas nubes enormes se acercaban fuimos en busca de una cafetería. La calle principal está llena de tiendas y bares en los que puedes ver a la gente pidiendo la cena a las 5 de la tarde. En Tuffin’s Coffe, o algo así, nos tomamos unos capuchinos, un chocolate caliente, unas magdalenas y una tarta de chocolate. Recomiendo pedir esta última porque estaba realmente buena.
Antes de volver a coger el tren pasamos por el Willys a comprar algo de comida. Se supone que es la tienda donde más barato puedes comprar. Algo así como el LIDL o el PLUS en España. Sin embargo, Jimmy, habitante sueco de la “cocina familiar”, nos ha dicho que ahora ya no es tan económico como antes y que están subiendo los precios.
Y eso lo interesante del día porque al volver quedamos a las nueve en mi cocina (aún más sucia que ayer) para cenar. A Meseret le encanta la tranquilidad de mi pasillo...eso es porque no vive aquí. Sé que mi piso tiene la ventaja de que cuando quiera estudiar no tendré mucho ruido y que, al estar en el piso de arriba, casi no tengo posibilidad de que me molesten. Pero al mismo tiempo tiene sus desventajas. Casi no he hablado con nadie de mi pasillo porque todos están desaparecidos, excepto a las 6 que es cuando empiezan a hacer la cena y mi cocina es un desastre porque nadie recoge lo que mancha. No se qué puede costar coger la bandeja del horno y darle un poco de agua con jabón para quitarle los restos de la pizza, o, por ejemplo, tirar las cajas de la comida a la basura.
Después de cenar, fuimos como cada noche a la “cocina familiar”. Se está haciendo costumbre tener una charla entre todos. Está bien porque somos españoles, franceses, alemanes y un sueco, con lo que hablas inglés.
Antes de volver a coger el tren pasamos por el Willys a comprar algo de comida. Se supone que es la tienda donde más barato puedes comprar. Algo así como el LIDL o el PLUS en España. Sin embargo, Jimmy, habitante sueco de la “cocina familiar”, nos ha dicho que ahora ya no es tan económico como antes y que están subiendo los precios.
Y eso lo interesante del día porque al volver quedamos a las nueve en mi cocina (aún más sucia que ayer) para cenar. A Meseret le encanta la tranquilidad de mi pasillo...eso es porque no vive aquí. Sé que mi piso tiene la ventaja de que cuando quiera estudiar no tendré mucho ruido y que, al estar en el piso de arriba, casi no tengo posibilidad de que me molesten. Pero al mismo tiempo tiene sus desventajas. Casi no he hablado con nadie de mi pasillo porque todos están desaparecidos, excepto a las 6 que es cuando empiezan a hacer la cena y mi cocina es un desastre porque nadie recoge lo que mancha. No se qué puede costar coger la bandeja del horno y darle un poco de agua con jabón para quitarle los restos de la pizza, o, por ejemplo, tirar las cajas de la comida a la basura.
Después de cenar, fuimos como cada noche a la “cocina familiar”. Se está haciendo costumbre tener una charla entre todos. Está bien porque somos españoles, franceses, alemanes y un sueco, con lo que hablas inglés.
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